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Los frutos del Espíritu en la vida del catequista


«El fruto del Espíritu es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo.»
Gálatas 5, 22
El tiempo de Pentecostés es un excelente momento para revisar nuestra vocación y práctica de catequistas.
Ser catequista es anunciar la Palabra de Jesús, dar testimonio del Evangelio, y enseñar a los demás con nuestra palabra y nuestra vida.
El origen de la palabra catequista es «hacer resonar». Siempre que pregunto en los talleres de espiritualidad del catequista, con qué imagen asociamos este significado tan motivador des ser catequista, me responden «con una campana». En nuestros días se escuchan pocas campanas, pero para los que llevamos algunos añitos más (yo ando por los 37 y recuerdo campanas en mi niñez) por este mundo podremos recordar campanas que escuchamos sonar.

Yo me acuerdo mucho de dos:
La campana del colegio... Señalaba el comienzo (¡alegría!) del recreo, y también su finalización (no tanta alegría...)
La campana de la parroquia... Marcaba las horas del día y sonaba con fuerza antes de cada misa dominical llamando a la comunidad.
La campana era una señal, con su tañido nos hablaba de otra realidad más importante y trascendente que su sonido mismo.
Ser catequista tiene mucho que ver con ser campana. Nuestro sonido (nuestra vida, nuestra palabra) debe ser capaz de evocar algo más importante que nos trasciende: la Palabra de Dios, el encuentro con Jesús.
El sonido de la campana es signo... y también lo es nuestra misión de catequista. Signos de la vida nueva a la que Dios nos invita, signo de la compañía de Dios -que camina a nuestro lado-signo de la comunidad que nace en torno a la palabra, a la oración, a la enseñanza, a los sacramentos, al compartir.

El catequista vive animado por el Espíritu de Jesús, pide su guía y su aliento para ser fiel a su misión y poder anunciar el Evangelio.
¿Cómo está «sonando» nuestra campana en estos tiempos?
¿Estamos dando los frutos que el Espíritu espera de nosotros?
Para revisar en comunidad

  • Leemos el texto de Gálatas 5, 22

  • Recortamos siete campanas de cartulina y le ponemos a cada una el nombre de uno de los frutos del Espíritu (conviene que las campanas sean grandes).

  • Nos dividimos en parejas (y si somos pocos cada uno trabaja con una campana). A cada pareja se le da una campana y la siguiente guía:
¿Qué significa ser campana de caridad, alegría, paz... (cada uno completa según su campana) en la vida de un catequista?
Nombrar tres actitudes que como catequista ayudan a que suene esa campana.
Nombrar tres actitudes que como catequista no ayudan a que la campana suene, acitudes que ahogan ese fruto, que no lo muestran, que no lo transmiten.
Escribir una pequeña oración que comience con la frase: «Espíritu de Jesús ayúdanos a ser campana de...»
  • Las actitudes y la oración se escriben dentro de la campana de cartulina.

  • Se pone en común lo trabajado en los grupos (o individualmente si son pocos).

  • En ronda realizamos una oración compartida. Si es posible tener una campana de verdad, a medida que cada catequista va haciendo su oración personal en voz alta, al terminar hace sonar la campana y se la pasa al de al lado.

  • Entre todos escribir una nueva campana con un compromiso común a intentar vivir como catequistas. Colgar esa campana en un lugar visible dentro de la parroquia, colegio o capilla.

  • Terminar con un canto al Espíritu Santo


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